¿Qué es la depresión?

La tristeza es una emoción natural, que forma parte de nuestro día a día y que nos ayuda a procesar lo que nos sucede. Todos podemos sentir tristeza ante pérdidas, frustraciones o cambios y, aunque a veces nos resulte incómoda, cumple una función: nos invita a parar, a reflexionar y a conectar con lo que necesitamos en ese momento. Por tanto, sentirnos tristes o desanimados no significa necesariamente que estemos deprimidos.

La diferencia con la depresión se encuentra en la intensidad, la duración y el impacto que tiene en la vida diaria. Cuando la tristeza se vuelve persistente y se combina con apatía, falta de motivación o una sensación de vacío que no desaparece, es posible que estemos ante una depresión.

El trastorno depresivo es uno de los problemas de salud mental más frecuentes. No siempre es fácil de detectar por la persona afectada o su entorno, ya que a veces se desarrolla de manera gradual o se puede confundir con cansancio o estrés.

Cómo nos afecta la depresión

La depresión puede manifestarse de formas diferentes en cada persona, pero suele afectar tres áreas importantes:

A nivel emocional: tristeza profunda, apatía, falta de motivación, sensación de vacío o desesperanza.
A nivel cognitivo: pensamientos negativos recurrentes, autocrítica excesiva, dificultades para concentrarse o tomar decisiones.

A nivel físico: cansancio, alteraciones del sueño o del apetito, dolores o síntomas somáticos.

Causas de la depresión

Las causas de una depresión son muy complejas, variadas y personales; puede deberse a: experiencias traumáticas, pérdidas significativas, baja autoestima, conflictos en las relaciones, presión laboral, falta de apoyo social o insatisfacción vital. En ocasiones se debe a un único motivo y, en la mayoría de casos, es por una combinación de distintos factores.

Cómo puede ayudarte la terapia

La terapia psicológica ofrece un espacio seguro y de acompañamiento para entender qué nos está pasando, cómo nos está afectando y cómo afrontarlo. En consulta podemos trabajar en:

  • Explorar el origen del malestar: investigamos las causas que desencadenan y mantienen la depresión. También nuestra historia personal, patrones aprendidos, heridas emocionales, miedos, dudas e inseguridades.

  • Gestionar las emociones: aprendemos a identificar, dar espacio y expresar las emociones de forma saludable.

  • Fortalecer la autoestima: trabajamos nuestro autoconcepto y ganamos confianza en nosotros mismos. Damos importancia al autocuidado y a poder decir que no a situaciones que no nos convienen.

  • Recuperar la motivación: reconectamos con nuestros valores, con nuestras metas vitales, con las actividades y con los vínculos que dan sentido a nuestra vida.