Aunque a veces no lo parezca, la ansiedad es una emoción natural que nos ayuda a reaccionar ante situaciones desafiantes o de peligro. Todos hemos podido sentir cierta ansiedad ante un examen difícil, una entrevista de trabajo o una primera cita. Es una reacción fisiológica normal, que activa el cuerpo, aumenta la atención y nos impulsa a la acción.
El problema aparece cuando la ansiedad es demasiado intensa, frecuente o se origina sin un motivo claro o realmente peligroso. Es en estos casos cuando puede convertirse en algo patológico que nos limita y nos genera mucho sufrimiento.
Nerviosismo, agitación o sensación de agobio.
Sensación constante de preocupación o miedo, incluso cuando no hay un peligro real.
Dificultad para concentrarnos o para dejar de pensar en lo que nos preocupa.
Evitación de situaciones que nos provocan ansiedad.
Taquicardia, sudoración o temblores.
Dificultad para respirar.
Tensión muscular, cefaleas, contracturas.
Problemas digestivos, mareos o náuseas.
Irritabilidad.
La ansiedad es el componente principal en trastornos como el de ansiedad generalizada, el trastorno de pánico, la agorafobia, la hipocondría o la fobia social.
Si estás pasando por una época de mucha ansiedad, puede que necesites ayuda para gestionarla. Una terapia puede ayudarte a comprender el origen de esa ansiedad, qué es lo te preocupa, cómo abordarlo y generar nuevas estrategias y herramientas para poder manejarlo.
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